Ponencia sobre el caso del asesinato de Santiago Mari Pesquera

Por Rosa M. Mari Pesquera


Señor Presidente,
Senadores y Senadoras
miembros de la Comisión
de lo Jurídico
del Senado de Puerto Rico:

Mi nombre es Rosa Mercedes Mari Pesquera. Comparezco ante ustedes en nombre de la Comisión por la Verdad y la Justicia, así como de la familia, padres y hermanos, de Santiago Mari Pesquera.

Agradezco la oportunidad que se nos brinda, en lo que respecta al caso del asesinato de mi hermano, por primera vez en casi 26 años desde que ocurrió, de dirigirnos a un organismo de gobierno, públicamente, para hacer constar nuestra protesta por el ocultamiento que se ha hecho por parte de las autoridades de Estados Unidos y de Puerto Rico de la verdad de los hechos y los autores de este crimen y para denunciar las acciones delictivas so color de autoridad que se han dado con respecto a este crimen, a su investigación y procedimientos judiciales.

Santiago (Chagui) Mari Pesquera es el hijo mayor de Juan Mari Brás y Paquita Pesquera Cantellops. Nació el 26 de agosto de 1952 y murió asesinado el 24 de marzo de 1976.

Juan Mari Brás, abogado de profesión y a quien ustedes conocen, ha sido dirigente político desde su juventud y dedicado a la lucha por independizar a Puerto Rico de los Estados Unidos. Al momento de la muerte de su hijo, en marzo de 1976, Mari Brás dirigía el Partido Socialista Puertorriqueño, un movimiento vigoroso y creciente, abiertamente revolucionario, que había logrado una fuerza e influencia en el movimiento obrero, las luchas comunales y se abría paso en las contiendas electorales del país.

Paquita Pesquera, quien era profesora universitaria, fue militante desde sus años estudiantiles y participaba de forma prominente en el mismo partido. Al momento de la muerte de su hijo se encontraba enseñado en una universidad en Nueva York, y militando en la seccional del Partido Socialista Puertorriqueño en esa ciudad.

Chagui, apodo con el que se le conocía a Santiago Mari Pesquera, era un joven que a sus 23 años de edad despuntaba como un gran talento y con grandes capacidades. Siempre fue un buen estudiante, logrando graduarse de la escuela secundaria en el año 1970 con muy buenas calificaciones. Entró a la Universidad de Puerto Rico, de donde se graduó con un grado de bachillerato (B.A.) en Ciencias Sociales. Tenía un espíritu emprendedor y aventurero. A los 16 años aprendió a manejar automóviles y por ahí siguió tomando licencias de equipo pesado y carga comercial lo que le permitió hacer trabajos de chófer y de construcción alternando con los estudios.

Políticamente Chagui se mantenía activo y participaba de las actividades del movimiento independentista y estudiantil. En la lucha contra el servicio militar obligatorio cuando la Guerra de Viet Nam, se negó a servir en el Ejército de los Estados Unidos por entender que no tenía por qué inscribirse en un ejército que no era el suyo, para pelear en esa guerra invasora. Se integró activamente en la huelga estudiantil de 1973. Siempre asistía a las actividades contra la explotación minera y la devastación ecológica y a las del 23 de septiembre en Lares para celebrar el Grito de Independencia de 1868, a las que movilizaba también a sus amigos.

Después de graduarse de la universidad se trasladó a Oklahoma, de donde regresó con su licencia para comenzar la carrera de piloto comercial. Regresó en enero de 1976 y ya en febrero encontró trabajo. Llevaba varias semanas de piloto en una pequeña línea aérea de carga cuando lo asesinaron. En la mañana del 24 de marzo de 1976, Chagui salió a trabajar y por la tarde, cuando debía recogernos a mi hijo y a mi, ya que yo le había prestado mi carro, no llegó. En la mañana siguiente su cadáver fue encontrado en el interior del vehículo estacionado en la calle marginal de la carretera #1, que conduce de Río Piedras a Caguas, frente a las oficinas de General Foods.

FBI participaba de persecución y hostigamiento al independentismo

En ese momento en que el Partido Socialista Puertorriqueño estaba en crecimiento y desarrollo, se publicaba el diario Claridad, que circulaba en Puerto Rico y Estados Unidos y se celebraban multitudinarias concentraciones políticas por la independencia de Puerto Rico, el gobierno de Estados Unidos y el FBI usaban a la Policía de Puerto Rico en diversas formas de represión, hostigamiento y persecución contra los independentistas. Como muestra les presento copia de un documento que pertenece a la Carpeta que la Policía de Puerto Rico elaboró sobre mi persona y que obtuve cuando las carpetas fueron devueltas a los afectados. El documento es el Registro de Carpetas Solicitadas en Archivo donde se anotaban los agentes que iban a consultar las carpetas, la fecha de la consulta, la firma del agente y la agencia o división a la que pertenecía el agente. En mi carpeta más de la mitad de los agentes que la revisaron entre 1972 y 1976 eran miembros del Buró Federal de Investigaciones, FBI y así consta en el Registro. (Anejo 1)

Los independentistas vivíamos en medio de un ambiente de persecución institucional. Mi padre era una figura prominente del movimiento y él y nuestra familia fuimos objeto de múltiples amenazas y atentados. Los agentes del FBI rondaban la casa y el vecindario, preguntaban a los vecinos por nosotros y seguían a mi papá donde quiera que iba. Varias veces, después de un fin de semana en Mayagüez, llegamos y encontramos la casa desordenada, sin que faltara nada, a veces con notas intimidantes. Si el FBI siempre
estaba alrededor de mi casa, mirando y observando lo que pasaba en ella ¿quién hubiera podido entrar sin su permiso?

Una vez colocaron una bomba debajo del carro de mi madre que explotó y dejó el carro inservible. Casualmente fue mi hermano Chagui quien vio un carro que paró frente al de mi mamá, abrió la puerta, la cerró y aceleró alejándose rápidamente y al minuto explotó la bomba que levantó a Chagui de donde estaba sentado, rompió varios cristales de las ventanas de la casa y desbarató el carro. Chagui le dio a la policía la descripción exacta del carro que vio detenerse, la hora, etc. y esa investigación nunca llevó a que se acusara a nadie.

Tuve la experiencia, hace 15 años, de un amigo de infancia que era vecino en la urbanización donde vivíamos, que vino a contarme un acontecimiento que les dejará ver cuán de cerca nos espiaba el FBI. Me contó el amigo, hijo de un matrimonio cubano refugiado en Puerto Rico luego de la Revolución, que en su casa, que colindaba con la mía, el FBI colocó un equipo sofisticado de grabación apuntando hacia mi casa. La habitación que utilizaron para eso era la de mi amigo, razón por la cual los padres lo enviaron a vivir un tiempo a
Estados Unidos con unos parientes. Esa habitación se cerró para la familia y a ella entraban tres agentes del FBI que permanecían por 8 horas, hasta que otro turno de tres agentes más los relevaban. Eso ocurrió durante un periodo de varios meses, hasta que la familia cubana decidió mudarse. Por si les interesa citarlo, mi amigo se llama Ricardo Valdés y al momento de contármelo, en 1987, trabajaba de programador de computadoras en el Municipio de Worcester en Massachussetts y me manifestó que me lo contaba porque si de algo sirviera su testimonio para esclarecer el caso de Chagui, él lo daría.

Por todos estos antecedentes y otros más que no tenemos tiempo de exponer aquí, desde el momento mismo de la muerte de Chagui, supimos que este era un asesinato político y que el FBI, que tanto nos espiaba, tenía que estar involucrado.

El 26 de marzo de 1976, dos días después del asesinato, la División de Investigaciones Criminales de la Policía de Puerto Rico envió oficiales a estudiar exaustivamente la escena del crimen y le pidió al FBI, formalmente en una comunicación escrita, que todos los documentos, archivos e información que esa agencia le enviara al FBI sobre este caso quedaran explícitamente fuera del "Freedom of Information Act" y que cualquier agencia que recibiera la información se considerara obligada por este pedido. El dato lo obtuvimos de uno de los documentos del FBI que fue pedido a través del "Freedom of Information Act" por mi padre y refleja que toda la información específica del caso que fue intercambiada de ahí en adelante ha sido ocultada con toda premeditación y alevosía, tanto por la Policía de Puerto Rico, como por el FBI. (Anejo 2)

De hecho, un dato curioso lo es que a la hora de entregarnos las carpetas de la División de Inteligencia de la Policía de Puerto Rico, la carpeta de Chagui no apareció. Cabe preguntarse ¿se la habrá llevado el FBI? ¿Qué funcionario hizo desaparecer ese documento?

El encubrimiento

Lo que siguió al asesinato fue el encubrimiento del caso. Muchas movidas y manipulaciones fueron hechas por policías, autoridades del Departamento de Justicia y otras ramas del gobierno con el propósito de aparentar una coartada que ya estaba planificada a la hora del asesinato. La coartada era utilizar a un joven, vecino nuestro y enfermo mental, para aparentar que él y sólo él, había matado a Chagui. De esa forma habría un acusado que se enjuiciaría y quedaría el caso resuelto.

El Partido Socialista Puertorriqueño inició su propia investigación rápidamente y llegó a la conclusión clara de que el acusado, Henry Coira no pudo haber actuado solo.

Por parte de la Comandancia de la policía participaron en la investigación, el entonces Coronel Héctor M. Lugo, el Superintendente de la Policía Desiderio Cartagena y el ya notorio oficial Alejo Maldonado.

A Henry Coira lo arrestaron. El agente que iba llevando la voz cantante en el arresto fue el ahora convicto Alejo Maldonado. Cuando lo arrestaron Henry Coira se contradecía constantemente, a veces decía que había matado a Chagui y a veces decía que no. El primer fiscal asignado al caso, Emilio Duprey Tacoronte, declaró años más tarde ante la Fiscal Crisanta Rodríguez que en el momento en que Henry Coira negaba que hubiera asesinado a Chagui, Alejo Maldonado trajo a un hombre que dijo ser de la CIA. Este último entró al cuarto donde estaba Henry Coira, estuvo un rato solo con él y cuando salió, afirma Duprey Tacoronte, que Henry Coira había cambiado de actitud. Este personaje, supuesto miembro de la CIA, tiene un papel muy importante en este encubrimiento. Ese fue el encargado de manipular sicológica y mentalmente a Coira para que mantuviese en su mente esquizofrénica, como una realidad vivida, el esquema que había sido fabricado como coartada.

Henry Coira fue acusado pero no lo podían procesar porque era enfermo mental. Así consta en un certificado médico que se emitió el 8 de octubre de 1976 donde aparece con un diagnóstico de reacción esquizofrénica tipo paranoide crónico, mentalmente incompetente, firmado por el siquiatra José R. Vigoreaux. El acusado siguió preso pero como no era procesable no se efectúa el juicio en los próximos años.

Mientras el acusado estaba preso sin procesar se releva de la investigación a los oficiales que habían sido los encargados originales del caso. Se releva al fiscal Duprey Tacoronte y se nombra en su lugar al fiscal Salixto Medina. Este último trabajaba coordinando con las autoridades federales el esclarecimiento de casos de corrupción policíaca. Se releva también al oficial de la policía Ismael Rodríguez.

Para efectuar el juicio se hizo una maniobra absolutamente burda y temeraria que esta comisión debiera evaluar para legislar en alguna forma que impida que estas cosas pasen nuevamente. El 29 de enero de 1981, luego de que Romero Barceló tomara posesión por segunda vez en la gobernación de Puerto Rico, se cambia sorpresivamente el panel de siquiatras que evaluaba a Coira y el nuevo panel le hace un nuevo examen psiquiátrico y o declara procesable. Ese nuevo panel estaba compuesto por los siquiatras Frank Benítez, René Alvarez Silva y Abelardo Martínez. Apenas diez días después de declararlo procesable, el 9 de febrero, Coira se declara culpable de asesinato en segundo grado en una vista judicial con el juez Juan Arbona que a todas luces fue apresurada. A esta vista no llamaron a testificar a mi padre que le había pedido al tribunal que le permitiera declarar ya que tenía pruebas de que Coira no actuó solo. Tampoco llamaron a declarar a ninguno de los oficiales originales que estaban a cargo del caso, el fiscal Duprey y el oficial policíaco Ismael Rodríguez. El abogado de defensa de Coira lo fue Rafael Rivera Cruz.

A mi padre se le notificó que la vista de sentencia se celebraría el 18 de marzo. Cuando su representante legal, la Lcda. Ludmilia Rivera Burgos, llegó a la corte ese día le informaron que la vista se había efectuado el día anterior sin que el cambio se le hubiera notificado ni a mi padre ni a su abogada. Obviamente manipularon la fecha de las vistas ya que se anticipaba la oposición de nuestra familia a que se aceptara la rebaja del delito y, además, para impedir que cualquier pequeño incidente o la simple presencia de mi padre pudiera confundir la débil sicología del acusado y se dañara la coartada.

A Coira se le sentencia a cumplir una condena de 10 a 15 años por asesinato y de 1 a 3 años por uso ilegal de armas. Así el caso judicial quedó cerrado.

La reapertura del caso

Años más tarde, cuando se estaba llevando a cabo la investigación que hizo este cuerpo sobre los acontecimientos de Cerro Maravilla, el fiscal Duprey Tacoronte mencionó en su testimonio que otro caso que se debiera investigar por encubrimiento es éste del asesinato de Santiago Mari Pesquera. Cuando Héctor Rivera Cruz fue nombrado Secretario de Justicia dio paso a una nueva investigación que estuvo a cargo de la fiscal Crisanta Rodríguez. A ella se le comunicó los detalles de la investigación que había hecho la familia y el Partido Socialista Puertorriqueño. Esta investigación vincula a dos hermanos cubanos de apellido Verdut cuyo automóvil fue visto, tanto en el lugar donde secuestraron a Chagui, como en el lugar donde dejaron el cadáver. Entre los documentos que obran en poder del Departamento de Justicia figura el traspaso de dueño de ese automóvil el día después del asesinato.

La fiscal Rodríguez, antes de ser relevada de la investigación del asesinato de Chagui hizo un informe donde afirma que Henry Coira no pudo haber actuado solo, según se desprende de las circunstancias del crimen.

La investigación de la fiscal Crisanta Rodríguez también revela datos interesantes. Por ejemplo, el oficial de la policía Ismael Rodríguez (interrogado) afirma que había hecho entrevistas a choferes de carro público de Cupey y otras personas que aseguraron que habían visto el carro en dirección al lago, pero sus informes no aparecen en el expediente del Departamento de Justicia. Alguien removió esos informes del expediente. Y cabe pensar que otros informes y evidencias fueron sustraídas del expediente en los días que precedieron al juicio de Coira cuando estaban cuadrando el caso para cerrarlo.

En un momento en que la investigación había estado detenida y la familia pidió que el Departamento de Justicia fuera más diligente con la investigación, el Jefe de Fiscales en aquel entonces, Pedro Goico Amador, invitó a la familia a examinar el expediente del Departamento de Justicia y a aportar ideas para la investigación. A insistencias nuestras se investigó el expediente de Henry Coira en la cárcel, donde había cumplido ya la sentencia y se descubrieron datos interesantes que vinculan al exilio cubano derechista con la manipulación sicológica de Coira.

Antes del juicio de 1981, la lista de personas que podían visitar a Coira a la cárcel cambió. Antes figuraban en la lista los familiares del acusado. Los familiares fueron eliminados de la lista y en su lugar pusieron a un grupo de cubanos. Entre esos cubanos estaba una muchacha con la cual Coira se casó estando en la cárcel. Esto nos resulta sumamente extraño e increíble que un preso, con la poca movilidad que tiene, después de varios años de estar preso, consiga novia y se case. Al salir de la cárcel su esposa es quien lo recoge en el Campamento Zarzal y así figura en el expediente carcelario.

Mientras estaba encarcelado ya cumpliendo sentencia, la cubana Gloria Gil publicó una supuesta entrevista a Henry Coira en el periódico La Crónica donde ésta explica, con todos los detalles, la coartada planificada antes del asesinato y la pone en boca de Coira. "Yo maté al hijo de Mari Brás. Él mismo se buscó la muerte" dicen los titulares. (Anejo 3) Esto vincula nuevamente al sector más recalcitrante del exilio cubano con el asesinato de mi hermano y con el encubrimiento.

En días recientes hemos recibido información de que Henry Coira vive en la calle 7 de Miami, en pleno barrio cubano.

Sugerencias a la Comisión de lo Jurídico

Para continuar la investigación propuesta por la Resolución del Senado 206, si esta comisión va a profundizar en la investigación legislativa de este asunto, proponemos que empiece por requerir al FBI la liberación de todos y cada uno de los documentos que obren en su poder, sin tachaduras ni omisiones, sobre el asesinato de Santiago Mari Pesquera.

Proponemos también que citen a Henry Coira, cuya dirección en Miami, Florida, está en el directorio telefónico de esa ciudad. A él se le debe interrogar sobre sus conexiones pasadas y presentes con el FBI, la CIA, las divisiones de inteligencia del Pentágono y cualesquiera otras agencias federales o de Puerto Rico. Se debería solicitar el expediente carcelario de Coira, donde aparecen las personas que lo visitaban y los que se relacionaban con él durante esos años, los informes de los sociopenales y entrevistar al dentista de la cárcel con el que Coira trabajó durante algunos años de su reclusión, que según algunas informaciones que hemos recibido, conoció y estaba al tanto de las relaciones de Coira.

Pueden citarse, además, para ofrecer sus testimonios sobre aspectos de la investigación, al fiscal Duprey Tacoronte, al oficial Ismael Rodríguez, a la ex-fiscal y ex-juez Crisanta Rodríguez y a los ex-Secretarios de Justicia Carlos Ríos y Héctor Rivera Cruz.

Para investigar el encubrimiento y los detalles de la relación de los federales con este caso se podría entrevistar al ex-coronel Héctor M. Lugo, al ex-agente Alejo Maldonado y al fiscal Salixto Medina, así como al ex-secretario de Justicia Giménez Muñoz y al ex-juez Arbona.

Sugerimos, para darle paso a toda la intención de la resolución 206 por la cual fuimos citados hoy aquí, que se nombre un investigador legislativo con los recursos necesarios para citar, pedir documentos y desarrollar la investigación más abarcadora y profunda que hace falta para que la verdad sea conocida en su totalidad. Que ese investigador tenga la posibilidad de unir sus esfuerzos a los fiscales del Departamento de Justicia, a personas interesadas, como lo somos familiares y amigos de los asesinados y esta organización en donde hemos decidido agruparnos, la Comisión por la Verdad y la Justicia. Que no se quede este esfuerzo en lo mismo que han quedado otras investigaciones sobre estos asesinatos, sobre la participación de las agencias federales en la planeación y encubrimiento de los mismos y que el conjunto de esfuerzos nos lleve a sanear para siempre el ambiente político de Puerto Rico.

Quisiera terminar con unas palabras que dijera mi padre ante la tumba de mi hermano el día de su entierro:
"No es la venganza lo que puede animar los corazones de seres tan hondamente
heridos, que no podrían satisfacerse con un sentimiento tan banal, pequeño y
mezquino como la venganza. Solo cuando transformemos ese martirio en
heroismo, el pueblo entero, el pueblo por el que cayó Chagui, por el que han
caído todos en esta jornada más que centenaria, levantará a los cielos el
monumento de una patria nueva, de una patria hermosa, de una patria donde no
puedan darse jamás crímenes como este".